Presentación

"El trabajo no debe ser vendido como mercancía, debe ser ofrecido como un regalo a la comunidad"

Ernesto Che Guevara



Por el derecho que tienen los pueblos a saber su propia historia. Por el derecho a conocer sus tradiciones y cosmovisión indígena. Por el derecho a conocer la leyes que los amparan. Por el derecho a socializar el conocimiento liberándolo de la propiedad privada, del autor individual, la editorial, la fundación, la empresa, el mercado y cualquier otro tipo de apropiador que ponga precio a lo que es patrimonio de la humanidad.

Siguiendo el ejemplo de la cultura del regalo que practican los pueblos originarios de todas las latitudes y en la conciencia de que el otro, es también mi hermano: “sangre de mi sangre y huesos de mis huesos”, concepto que los indígenas de Venezuela resumen con el término pariente, he desarrollado esta página, con la idea de compartir estos saberes, fruto de años de investigación en el campo antropológico, para que puedas hacer libre uso de un conjunto de textos, muchos de los cuales derivaron del conocimiento colectivo de otros tantos autores, cuya fuente ha alimentado mi experiencia humana y espiritual.

A mis maestros quienes también dedicaron su vida a la investigación en este campo, apostando de antemano, que por este camino jamás se harían ricos, a los indígenas que me mostraron sus visiones del mundo, a los talladores, ceramistas, cesteros, tejedores, indígenas y campesinos que me hablaron de su oficio.

A Roberto y a Emilio quienes murieron en la selva acompañándome en aventuras de conocimiento, a mis colegas de los equipos comunitarios de Catia TVe, a los colegas de los museos en los que he trabajado, a mis compas de la Escuela de la Percepción, a mis amigas que me han apoyado y a los que me han adversado, mi mayor gratitud.

Lelia Delgado
Centro de Estudios de Estética Indígena
Leliadelgado07@gmail.com

jueves, 19 de mayo de 2011

Alfarería Indígena y Poder Sagrado







Alfarería Indígena y Poder Sagrado
Lelia Delgado

Desde mis inicios en la arqueología me he inclinado por una visión estética de los objetos alfareros, de esta visión surgió el libro,   Seis Ensayos de Estética Prehispánica en Venezuela, en el cual intenté discutir sobre los problemas teóricos de las "Artes" indígenas de la Venezuela antigua. En realidad y visto desde la distancia,  este libro,   como muchos otros que se escribieron entre las décadas del 70 y 80;  como Arte Prehispánico y El Arte en la Cerámica Prehispánica de Venezuela, fueron libros  sobre alfarería.

 Esta como ninguna otra,  es una de las pocas materias que ha sobrevivido en el tiempo y de la cual se encuentran testimonios hasta en los confines más apartados del país. Quién no ha encontrado o sabido de alguien que haya encontrado restos de una “Venus de Tacarigua” o por lo menos,  de una olla de barro cocido en Valencia, Lara, Falcón, Barinas, Barrancas del Orinoco o en los Estados Andinos.

En esta oportunidad  me gustaría que pudieramos ver la alfarería dentro de  otra perspectiva y es la relación que el barro guarda con  otros aspectos sagrados de la vida, que no siempre son evidentes cuando se discute sobre el sentido del diseño, la forma, la materia, las técnicas, o las relaciones sociales que se tejen en torno a su manufactura. 

En el mundo indígena los objetos tienen vida propia e interactuan con hombres y mujeres a través de un sistema de creencias, mitos y ritos que adquieren lo que podríamos llamar una dimensión simbólica.

En principio, la alfarería se crea partir de los elementos, ellos hacen posible su existencia y también la existencia de todos los seres, es así como aire, fuego, agua y tierra adquieren su carácter sagrado.

Tomemos por caso al héroe cultural Maleiwa de los Wayúu. Maleiwa demiugo creador de los hombres,   es un alfarero primordial,  que aprovechó las cualidades plásticas de la arcilla para modelarla y darle forma humana.

El Mito dice:

“ Maleiwa regresó sobre sus pasos fue a la orilla del mar, hacia la tierra arcillosa, allí donde las rocas están cubiertas de huellas, allí en donde los guajiros ahora hacen objetos de barro... Tomó la arcilla y se puso a crear a los seres vivientes, amasaba la tierra y con ella hacía una especie de cuerdas a las que daba forma y pulía con sus manos. Con un movimiento seco de los dedos hizo a los pájaros, con la ayuda de la lluvia, Maleiwa fabricó a los hombres, serán ellos los que hablarán dijo....”


Otra relación frecuente y que se refiere al universo simbólico de lo femenino, a lo nutriente,  es la que se da entre la alfarería, el fogón y  a la  mujer.

“ Maleiwa creó a los seres durante la noche, utilizando muchas sustancias,  a las cuales dio consistencia en un caldero de barro cocido que luego transformó en un cerro, dentro de cuyo vientre cuaja y da forma la vida”

Entre los Pemón  aparece la misma analogía, en el mito de Makunaima.

“ Hace mucho tiempo el sol era un indio que se dedicaba a las labores del conuco, él quería probar suerte con varias mujeres hasta encontrar una compañera. Por fin acertó con una que le convenía, ella era rojiza y traía una olla en la mano” 

“Cuando un indio sueña con una olla que se rompe en pedazos es que morirá. ...pues nosotros estamos hechos como una olla........”


Wanadi el Creador de los Ye´kuana, creó a los hombres con la tierra de la montaña sagrada.

“ .....para poblar la tierra hizo gente nueva. Tomó barro y lo modeló como hombres. Luego se sentó y soñó -está viva- mientras fumaba y tocaba la maraca. Así nació la gente nueva...”

Para los Wayúu la tierra es Mmá. Ella aparece en la superficie, para conseguir el barro de alfarería hay que excavar más profundo, debajo de Mmá, es decir hay que llegar hasta la abuela.

“ la tierra es la madre, pero la tierra también tiene su mamá que es el barro”. Siru’a

Esta relación entre el barro y el universo de lo femenino, coloca a los hombres fuera. Ellos no deben cocinar, no deben manipular las ollas de barro, salvo las vasijas funerarias. Un hombre que manipula las ollas se le llama, Julaá, que es una acepción de afeminado, pues la julaá, es una vasija de boca ancha.

 La manipulación del barro y el proceso mismo de manufactura,  están acechados por múltiples riesgos y peligros. Como corresponde a la manipulación de cualquier materia sagrada, que siempre es peligrosa, aunque eminentemente eficaz.

Para tratar con el barro hay que observar una serie de procedimientos y abstenerse de violar las prohibiciones.
De otra forma, la alfarera tendrá vasijas de pésima calidad, difíciles de modelar,  que se quiebran y estallan con facilidad o por lo menos que no resisten el uso para el cual fueron destinadas.

Para extraer la arcilla hay que honrar los sitios, hay que hacer invocaciones y ofrendas a la deidad del barro, hay que hablarle y explicarle la intención que se tiene con ella, lo que permite encontrar y recoger la arcilla conveniente.

De otra forma suceden accidentes, se machacan los dedos, los sacos de arcilla se hacen más pesados, el barro se pone duro y difícil de extraer. A la tierra hay que pedirle colaboración, por que ella es una persona con existencia propia.

El espíritu del barro aparece en los sueños de las alfareras, esta deidad las protege o les reclama cuando no han trabajado

Los Wayúu abren huecos en la tierra por los que introducen chirinche, como ofrenda a la abuela. Ellos son como los ojos para que la abuela mire a sus nietos.

Los distintos tipos de arcilla son la Sirua ---- de color amarillo.  Usada para vasijas que sirven para transportar y almacenar líquidos y sólidos como la Amuchi o la Julaá.
La Chuja ----- de color marrón oscuro se usa para ollas de cocina llamadas wushu, la Ipa o barro blanco usado como desgrasante


Las mujeres generalmente no trabajan la arcilla cuando tienen la menstruación, pues las ollas no salen bien.  Cuando se interrumpe el trabajo, hay que lavarse inmediatamente las manos, no hay que comer o tocar otros objetos con las manos sucias, esto sería una desconsideración. Tampoco se deben sacudir las manos con el barro, la arcilla podría interpretarlo como que está siendo rechazada, nuca decir, hay estoy ensuciándolo todo con el barro, pues la arcilla podría ofenderse. Hay que decirle, abuelita, voy un momentico a hacer, tal o cual cosa, vengo ahora...y antes de empezar de nuevo lavarse las manos.  El trabajo debe hacerse en soledad.Fuera de la mirada de curiosos, pues nunca se sabe si esa persona mira con buenas intenciones, envidia o admiración. Las niñas no deben tratar directamente con el barro, sólo por medio de la madre o una persona adulta, pues el barro es una persona mayor.

Las vasijas luego de modeladas se tratan con respeto y se dejan reposar en un rincón oscuro de la vivienda volteadas hacia un lado, pues ellas están vivas, poseen alma. Moverlas bruscamente puede hacer que las vasijas se enfurezcan y aparezcan en los sueños,

Para pintar los signos se usa un barro rojo llamado ulisshi, el cual se tritura e impregna con agua. Los signos estan relacionados con los clanes y ellos en sí mismos encierran todo un entramado simbólico, se representan los caminos, los cerros, algunos signos representan animales sagrados, otros aluden a cualidades como la voluntad (cachos de chivo),  aluden a la abundancia ( cráneo de la vaca), la buena suerte (la cola del perro), La tortuga---- para que todo lo que se cocine rinda.

La quema se hace a cielo abierto, las piezas hechas con sirua e ipaa, no toleran ser colocadas juntas con otras piezas hechas con otro tipo de barro
Las vasijas son el producto de la intervención de seres sobrenaturales que tienen una existencia real, su éxito depende de la comunicación entre ellas y la alfarera. El barro posee una existencia propia y un poder superior que le permite imponer prohibiciones que están reglamentados el los mitos y se expresan en complejas ceremonias rituales.
La relación de la alfarera con el barro recrea todo un mundo simbólico y expresa formas de relación con la naturaleza y una serie de significados socialmente compartidos como es el poder simbólico de la tierra  y de la mujer en la sociedad.









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