Presentación

"El trabajo no debe ser vendido como mercancía, debe ser ofrecido como un regalo a la comunidad"

Ernesto Che Guevara



Por el derecho que tienen los pueblos a saber su propia historia. Por el derecho a conocer sus tradiciones y cosmovisión indígena. Por el derecho a conocer la leyes que los amparan. Por el derecho a socializar el conocimiento liberándolo de la propiedad privada, del autor individual, la editorial, la fundación, la empresa, el mercado y cualquier otro tipo de apropiador que ponga precio a lo que es patrimonio de la humanidad.

Siguiendo el ejemplo de la cultura del regalo que practican los pueblos originarios de todas las latitudes y en la conciencia de que el otro, es también mi hermano: “sangre de mi sangre y huesos de mis huesos”, concepto que los indígenas de Venezuela resumen con el término pariente, he desarrollado esta página, con la idea de compartir estos saberes, fruto de años de investigación en el campo antropológico, para que puedas hacer libre uso de un conjunto de textos, muchos de los cuales derivaron del conocimiento colectivo de otros tantos autores, cuya fuente ha alimentado mi experiencia humana y espiritual.

A mis maestros quienes también dedicaron su vida a la investigación en este campo, apostando de antemano, que por este camino jamás se harían ricos, a los indígenas que me mostraron sus visiones del mundo, a los talladores, ceramistas, cesteros, tejedores, indígenas y campesinos que me hablaron de su oficio.

A Roberto y a Emilio quienes murieron en la selva acompañándome en aventuras de conocimiento, a mis colegas de los equipos comunitarios de Catia TVe, a los colegas de los museos en los que he trabajado, a mis compas de la Escuela de la Percepción, a mis amigas que me han apoyado y a los que me han adversado, mi mayor gratitud.

Lelia Delgado
Centro de Estudios de Estética Indígena
Leliadelgado07@gmail.com

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Wotjuja- Piaroa . Vida y Trabajo. Del libro Vida Indígena en el Orinoco




Vida y trabajo
El ruw’a o “señor” de cada territorio, es responsable de su fertilidad. Él determina el uso de todos los espacios, libera los lugares de influencias maléficas y elige las zonas con  condiciones óptimas para fundar las aldeas que se levantan a corta distancia de caños y ríos, en lugares propicios para desarrollar actividades productivas como la horticultura, caza, pesca y recolección.
En la selva, al final de la estación lluviosa, se limpian los espacios de los nuevos conucos5. El sol del verano va secando la vegetación amontonada, y ésta se quema para fertilizar las tierras donde se sembrarán plátanos, batatas, caña, piña, algodón, y sobre todo la yuca amarga, su principal producto agrícola.
La caza se practica intensamente en la estación seca. Los wotjuja son diestros en el uso de cerbatanas formadas por dos tubos, uno externo que recubre a otro de menor diámetro, por el que se deslizan los certeros dardos envenenados con curare. En el extremo inferior de los dardos se fija una pelota cónica hecha con algodón de ceiba. Las cerbatanas están provistas de una boquilla y una mira confeccionada con pequeñas piedras, dientes de báquiro o picure.
Aunque existe un complejo sistema de restricciones alimenticias, los principales animales comestibles son el mono araguato, el cachicamo, la comadreja, el chigüire, la lapa, el oso melero, la pereza y el picure, además de algunos reptiles, como la baba y el caimán, y una gran variedad de peces y de pájaros. Los de’aruwa evitan la cacería de piezas grandes como el venado y particularmente el báquiro, animal sagrado al que consideran su ancestro6.
Algunos autores han señalado la preferencia de los de’aruwa por la caza, en detrimento de la pesca. Sin embargo, esta última es una práctica extensiva en la estación seca. Los de’aruwa pescan con arpón, arco y flecha, nasas y anzuelos, y aunque envenenan pequeños caños con barbasco, no lo hacen en gran escala, pues esta practica contraviene estrictos tabúes que prohíben la pesca indiscriminada.
La recolección abarca una gran cantidad de frutos silvestres y productos derivados de distintas palmas, como el moriche, seje o manaca. Además, recolectan insectos y serpientes que forman parte de su dieta.
Pequeños grupos de hombres, mujeres, niños, parientes y amigos visitantes realizan expediciones para recolectar alimentos en la selva. Al regreso, todo lo encontrado se distribuye equitativamente entre las familias que habitan la casa comunal.
La dieta de’aruwa incluye una buena cantidad de alimentos que varían de acuerdo con los cambios estacionales. Pablo J. Anduze7, Fermín Vélez Boza y J. Baumgartner8 han estudiado muchos de los mamíferos, peces y reptiles que consumen los piaroa.
El trabajo se organiza de acuerdo con la posición de cada individuo en el grupo local. Los parientes y jóvenes afines trabajan para los parientes y afines mayores de cada casa. Todo aquel que trabaje en un conuco tiene derecho a beneficiarse de sus productos. Los hombres preparan el terreno, las mujeres siembran y cosechan. La relación entre el hombre y la mujer es muy estrecha: ningún hombre o mujer trabaja solo, si puede evitarlo9.
Algunos poblados  wotjuja    cuentan con una considerable fuerza laboral que se aumenta con visitas de parientes y amigos, quienes durante sus largas permanencias trabajan en los conucos, cazan, pescan y recolectan. Cuando prevalece un alto grado de cooperación en el grupo, los individuos gozan de cierta libertad para elegir las actividades en las que desean participar. El hombre de’aruwa no está obligado a cazar, pescar o recolectar, si prefiere quedarse en la casa fabricando cestas u otros artefactos10.

Wotjuja-Piaroa. Los Señores de la Selva . Del libro Vida Indígena en e lOrinoco



Señores de la selva
Ser de’aruwa o más exactamente, wotjuja, es ser de la selva. Nacidos del matrimonio mítico entre dos categorías de seres antagónicos, su vida es un ejercicio constante por recuperar el equilibrio. Los símbolos de poder, sabiduría y potencia sexual, representados en el trueno, esparcen sus destellos luminosos sobre la inmensa vastedad de la selva. El dominio de los ríos, piedras, árboles, animales o cualquier accidente del mundo natural, se hace posible con el uso de fórmulas mágicas que comunican a los wotjuja   con la armonía total del universo.
Cada hombre y cada mujer conocen perfectamente su lugar en el mundo. Las relaciones con su entorno, llenas de sentido y sabiduría, se aprenden en las alegorías de los cantos nocturnos que entonan los ancianos. Ellas encierran toda la filosofía de esta gente, para quienes todo conocimiento es un poder viviente que crece en cada hombre con el tiempo y la experiencia. La fuerza extraordinaria de la magia wotjuja  taspasa las grietas del mundo. Sus hilos invisibles franquean los caminos ordinarios de la imaginación, llenan de asombro y terror los pueblos vecinos, y estremecen hasta la corteza misma del cosmos.
Piaroa es la forma como se les nombra en la literatura etnográfica. de'aruwa, es el nombre que dan a todas las criaturas que saben cómo utilizar la tierra. Sin embargo, los orígenes del término “Piaroa” no son claros. Es posible que se derive de las misiones jesuitas fundadas en el río Orinoco desde 1864, particularmente de una ubicada cerca de los raudales de Atures, llamada “Peroa”. La primera referencia que se tiene de este nombre data de 1756, cuando Solano, miembro de la expedición de Fronteras, señaló su existencia en la región del Sipapo1.
Recientemente, los de’aruwa decidieron adoptar la autodenominación uhuottoja, transcrita fonéticamente como wotjuja, que significa “gente pacífica”2. Ellos hablan una lengua que pertenece a la familia lingüística sáliva, grupo independiente que, según Cestmir Loukotka3 y Paul Rivet4, incluye el sáliva, el mako, el ature y el piaroa. Esta lengua ha sufrido una gran influencia de términos arahuacos y caribes.
El vasto territorio que cubre la margen derecha del Orinoco fue explorado tardíamente. La dificultad de su topografía demarcó cierto límite a la actividad colonizadora y misionera. Los de’aruwa entraron en contacto con la sociedad criolla en los siglos XIX y XX, cuando esta parte del Amazonas se abrió al comercio.
Pueblan los afluentes y subafluentes del Puruname, Sipapo, Autana, Cuao, Guayapo, Samariapo, Cataniapo, Paria, Parguaza, además del alto Suapure, la cuenca inferior del Ventuari, los ríos Marieta, Camni, Yureba, Yakiguapo y caño Moriche, el valle del Manapiare, cerca de Puerto Ayacucho y la margen colombiana del Orinoco, en tierras aledañas a San Fernando de Atabapo, en los ríos Vichada, Matavemi, Guaviare y el caño Zama. Sus territorios, llamados Iso'hwa, son en realidad áreas sin límites precisos.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Mareoka, el creador de los E'ñepa ( Panare). Del libro Vida Indígena en el Orinoco



Mareoka, el creador

Sobre mitología e’ñepa se sabe poco. Para ello es fundamental conocer la lengua a profundidad, lo que permitiría acceder a las sutilezas de un complejo mundo mágico-religioso35.
De acuerdo con el relato mítico, Mareoka creó todas las cosas: el fuego, el agua, el sol, el día, la noche, las plantas y los animales, para que los hombres pudieran comer.
Al igual que todo héroe civilizador, Mareoka enseñó a los e’ñepa los secretos de su cultura: cómo utilizar cada cosa, reconocer las plantas y su uso medicinal. De él aprendieron a hacer chinchorros, cerbatanas, arcos y flechas, así como tejer cestas, usar las flautas y cantar en las ocasiones festivas.
En aquel tiempo los e’ñepa vivían en Arewa. Un día Mareoka los visitó. “Mareoka preguntó a cada uno: ‘¿Qué quieres ser? ¿Quieres ser venado, quieres ser baba, cachicamo, morrocoy, pava, mono?’. Así fue dando nombre a cada uno para que conocieran a todos los animales. Algunos e’ñepa se negaron a cambiar y se quedaron hombres”36. De esta manera se fue produciendo la metamorfosis de los e’ñepa ancestrales en dantas, cachicamos, monos, pájaros y babas, que todavía son “hombres en cuerpo de babas, por eso no se deben comer”. Además creó las serpientes, que eran dardos de cerbatana de un chamán. Los que tenían curare resultaron venenosos.
Entre los e’ñepa hay un vínculo profundo con el cosmos. Para ellos, la luna era un e’ñepa a quien gustaban mucho las mujeres. Cada vez que tomaba una, ella sangraba. Sus hijos son las estrellas que brillan en la distancia. La aparición de las Pléyades (Yoore) y del cinturón de Orión (Pejka) se celebra, pues señala la aparición del día y de la noche. Sus nombres están relacionados con la estructura interior de su casa comunal.
Según el modelo cósmico e’ñepa, el mundo está formado por un espacio que corresponde a la tierra, otro subterráneo, y un tercero celeste. Estas dimensiones son traspasadas por el vuelo del i’yan.
El primer sol creado por Mareoka se apagó muy pronto, y los cazadores no podían regresar a sus casas, quedando atrapados en la oscuridad de la noche. Pero Mareoka siguió probando hasta que nació el Niño-Sol. Mientras éste dormía había noche. Cuando su padre salía de cacería no lo dejaban dormir hasta su regreso. Pero el niño creció rápido. Cuando adulto se convirtió en Sol. “Entonces ahora la noche cae cuando él tiene sueño y viene el día cuando ya se despierta”37.
En el mundo subacuático vive Amana, un ser sobrenatural, a la vez coral y anaconda. “Amana expira un soplo multicolor como su cola: es el arco iris que llamamos amanatachi, soplo de Amana. De él depende la fuerza de la lluvia que cae según su agrado. A veces, a pesar del sol caliente, la lluvia viene. Brota amanatachi y asusta. Da miedo a los e’ñepa. Esto ocurre cuando Amana está bravo”38.
Para los e’ñepa el alma o iñeto es una suerte de fuerza vital que se sitúa en el pecho y en los puntos del cuerpo en donde se sienten pulsaciones. En medio del sueño o de los viajes producidos por la ingestión de drogas alucinógenas, el iñeto, invisible, se separa del cuerpo y anda por el mundo. La muerte sobreviene cuando éste abandona el cuerpo para siempre. Luego de los bailes funerarios y cantos de despedida, el alma parte sola rumbo al país de los muertos: Arrona o Arewa, ubicado en la montaña sagrada del alto Cuchivero, lugar de origen del pueblo e’ñepa.
“Ko’cham son los espíritus, los que no quieren irse de aquí cuando muere el cuerpo. Se quedan con nosotros un tiempo, fastidiándonos hasta el pajpeto, la gran fiesta que celebramos para los muertos”39.


NOTAS
1. Paul Henley, 1988. p. 223.
2. María Eugenia Villalón los llama e'ñapa, (1978).
3. Sobre lengua e’ñepa véase el Diccionario ilustrado e’ñepa-español, Marie-Claude Mattei-Müller, 1994.
4. Felipe Salvador Gilij, 1965.
5. Paul Henley, op. cit. ,p. 225.
6. Ibid., p. 228.
7. Sobre geografía de los llanos véase Francisco Tamayo 1 y 2, 1972.
8. Sobre actividades de subsistencia e’ñepa se consultó en: Paul Henley, op. cit.,pp. 230-244, y Johannes Wilbert, 1966, pp. 25-27.
9. Johannes Wilbert, 1966. p. 33.
10. Ibid., p. 33.
11.La comida colectiva incluye a todos los hombres del asentamiento, independientemente de su contribución (Paul Henley, op. cit., p. 272).
12. Ibid., p. 242.
13. Ibid., p. 271.
14. Los dos principios sobre los que se sustenta la organización social de la producción entre los e’ñepa son la división sexual del trabajo y la ausencia de derechos de propiedad sobre la tierra, la cual se entiende sólo como derecho de usufructo. Al no haber propiedad de los medios de producción, salvo de las herramientas de trabajo, dice Henley, nada impide a un individuo tener acceso a los mismos (ibid., p. 270).
15. Johannes Wilbert, op. cit., p. 32.
16. Johannes Wilbert, op. cit., pp. 29-30.
17. Sobre parentesco e’ñepa consultar en: Johannes Wilbert, 1966, pp. 36-42; María Eugenia Villalón, 1978; Paul Henley, 1988, pp. 257-263.
18. Miguel von Dangel, El Nacional, 27 de diciembre de 1985.
19. Sobre pintura corporal véase Christian Valles C., 1992.
20. Johannes Wilbert, op. cit., p. 29.
21. Sobre cestería e’ñepa, se consultó el texto Wapa… de Marie-Claude Mattei-Müller y Paul Henley, 1978.
22. Marie-Claude Mattei-Müller y Paul Henley, op. cit., pp. 28-30.
23. Ibid., p. 18.
24. Ibid., pp. 55-68.
25. Ibid., pp. 70-80.
26. Marie-Claude Mattei-Müller, 1992., p. 47.
27. Paul Henley, op. cit., p. 274.
28. En las familias polígamas, la primera mujer casada domina a las demás Johannes Wilbert, op. cit., pp. 35-37.
29. Paul Henley, op. cit., p. 275.
30. María Eugenia Villalón, op. cit., p. 29.
31. Sobre chamanismo e’ñepa se consultó en Paul Henley, op. cit., pp. 283-286.
32. Marie-Claude Mattei-Müller, op. cit., pp. 101-102.
33. Paul Henley, op. cit., p. 286.
34. Ibid., pp. 279-281.
35. La aparición de Yoroko, confidencias de un chamán e’ñepa de Marie-Claude Mattei-Müller ha permitido conocer más a fondo el mundo mágico-religioso e’ñepa Marie-Claude Mattei-Müller, op. cit., pp. 65-66.
36. Paul Henley, op. cit., p. 282.
37. Marie-Claude Mattei-Müller, op. cit., p. 38.
38. Ibid., pp. 144-146.
39. Ibid., p. 150.

E'ñepa ( Panare) Manejar lo Invisible. Del libro Vida Indígena en el Orinoco


Manejar lo invisible
En los poblados e’ñepa suele haber un individuo que por razones de edad, experiencia y sabiduría, adquiere mayor relevancia, sin que ello le otorgue privilegios especiales. Además, no existe un hombre que tenga poder político por encima de los demás miembros de su sexo. La ausencia de una estructura de poder se observa en la inexistencia de una palabra que signifique “jefe”27. La autoridad del individuo es sumamente débil y no traspasa los límites de su comunidad. Aunque su opinión es tomada en cuenta para decisiones de importancia, no puede exigir obediencia a los demás.
La familia nuclear e’ñepa es completamente autónoma en sus disposiciones, incluso dentro de la casa comunal28. Según Johannes Wilbert, la “opinión pública” ejerce un mayor control sobre el grupo local que la autoridad individual de un jefe. La vida de los e’ñepa sorprende por su libertad. Incluso dentro de la familia nuclear es difícil precisar si la autoridad es potestad del padre o de la madre.
Así mismo, ninguna forma de autoridad reglamenta las actividades, ni siquiera aquéllas de carácter mágico-religioso, a las que cada individuo adulto es libre de asistir. A pesar de esta aparente falta de autoridad, el pueblo e’ñepa obedece de manera natural un orden tradicional. En su vida, la violencia interpersonal es muy escasa; ello se debe a que existen pocos motivos de conflicto. Al no contar con medios que impidan el libre acceso a los recursos de subsistencia, no existen individuos enriquecidos por la acumulación de excedentes de ningún tipo. Además, las fórmulas de parentesco son flexibles y facilitan conseguir pareja. Tampoco existen reglas estrictas de residencia que impongan la convivencia de las personas que se llevan mal, pues la fórmula usual para resolver conflictos es la separación del individuo o grupo descontento29.
En síntesis, la organización social e’ñepa, como lo ha definido María Eugenia Villalón, “constituye un conjunto de mecanismos viables, flexibles y fuertemente integrados, mediante los cuales se establece un equilibrio admirable entre libertad personal y exigencias de cooperación colectiva” 30.
A los especialistas en lo sagrado, en la vida religiosa, en la música y el ceremonial, se les llama i'yan. Como todo chamán, el i’yan organiza su saber en torno a las fórmulas que equilibran las relaciones entre el cosmos, la naturaleza y el hombre, saber que sólo debe ser utilizado en favor de su comunidad. El i’yan es un líder religioso antes que político, y desempeña múltiples funciones dentro de su comunidad: es curandero, dirige todos los rituales en los que está envuelto el ciclo vital de cada individuo, y es especialista en cantos, rezos y rituales que protegen a su grupo de seres sobrenaturales.
Para ser i’yan es preciso someterse a un proceso de aprendizaje que dura varios años, bajo la dirección de un chamán de mayor edad. El iniciado debe atravesar una larga temporada de aislamiento social, observar una dieta estricta en la que está prohibida la ingestión de alimentos grasos, dulces, condimentados y fermentados. Debe consumir grandes cantidades de droga elaborada con polvo de tabaco y otras substancias sicotrópicas, la cual, según su creencia, se acumula en la parte inferior del pecho, que es un centro de poder31.
Es poco el conocimiento que se tiene sobre chamanismo e’ñepa. No se sabe si entre ellos se produce algo similar a la “muerte simbólica”, a partir de la cual el nuevo chamán renace dotado de poderes y facultades sobrenaturales.
Al parecer, existe una relación estrecha entre el i’yan y algunos animales de los cuales toma su forma; ellos son sus dobles, sus avatares. Los objetos de poder más importantes son los i’nankon (piedras de cuarzo) y jaguares invisibles. Con las piedras de cuarzo el i’yan puede destruir enemigos a distancia. Los jaguares son la expresión simbólica de la ambigüedad de un poder curativo o destructivo cuando se opone a un enemigo en un encuentro violento, lo que sólo ocurre durante el trance.

El chamán aprende a volar como los pájaros. Para lograrlo necesita tener entre sus familiares algunos pájaros que lo van a acompañar toda la vida. Es preciso que los agarre uno por uno, nunca juntos. Esto cuesta trabajo.
El jaguar se logra sólo por un encanto trabajoso, de un modo invisible. El chamán teje dos cestas, no cualquier cesta, aquéllas de ojos grandes. Son las ew’ei, cestas-jaulas que sirven para agarrar peces. Sus ojos grandes son como los dibujos de la piel del jaguar. Las cestas no deben ser muy bonitas. Sus bocas no se tejen bien amarradas. El chamán las pinta adentro de negro, con karamate. Las coloca una al lado de la otra en un sendero limpiado por él. Las abandona allí por un tiempo. Cuando regresa el chamán, ya no están. Sólo quedan los rasguños de las patas del animal. Tih… tih… tih… viene un jaguar. Alcanza al chamán y lo mira. Sih… sih… sih… se oye el grito de otro jaguar. Así llegan separadamente. Son dos, un macho y una hembra. Entonces el chamán, un poco débil, toma el brebaje. Los jaguares reconocen inmediatamente a su dueño. Uno y otro lo huelen, lo lamen por todo el cuerpo. Él debe quedarse tranquilo. Le lamen los ojos, la boca, la nariz, las orejas, los testículos, el ano. Así aprenden a sentirlo, a conocerlo32.

Entre los e’ñepa la enfermedad se atribuye a causas sobrenaturales que afectan el alma o inyoto. Cuando ésta se separa del cuerpo y viaja por los parajes del sueño, se hace sumamente vulnerable al “daño” o a la enfermedad. Los “daños” son causados por espíritus malignos que, tomando formas animales, lanzan dardos y flechas invisibles produciendo enfermedades. El i’yan debe extraer estos dardos mediante un proceso curativo llamado takura, que consiste en chupar los puntos del dolor del cuerpo enfermo.
Entre las tareas del i’yan está la dirección del ciclo ritual que se realiza durante la estación seca, tiempo de iniciación varonil. Toda la actividad ritual recoge la experiencia que los e’ñepa tienen de la naturaleza, el ambiente, las actividades de subsistencia y la división de un mundo que encierra el destino de hombres y mujeres.
Durante el ciclo ritual tiene lugar una serie de bailes y ceremonias. El primer baile tiene por objeto la perforación del tabique nasal de los iniciados, lo que les da derecho a usar un ornamento de plumas de guacamaya. Luego se celebra el rito de colocación del kaimo, carne de cacería ahumada, en las vigas de la casa comunal. En este período los hombres hacen tareas femeninas como llevar a la casa yuca para la preparación de cazabe, comida ritual que se consume con la carne ahumada o kaimo. La ceremonia implica cantos acompañados por la extraña melodía de los clarinetes karamataimë. En ella se practica el robo ritual del kaimo por parte de las mujeres. El último baile del ciclo ritual tiene como finalidad vestir a los iniciados con su primer guayuco33.
La explicación mítica de la fiesta del katyayinto señala que:
Cuando la Luna alcanza Venus, la estrella de ojo grande, ya avanzada la noche, el cortejo adelanta lentamente al son de los karamataimë. […] Hombres y mujeres se pintan de onoto y adornan sus cuerpos con dibujos y collares. Algunos llevan un guayuco nuevo. Cerca de la churuata está erecto el palo del baile. El dueño del cachiri sacude los primeros golpes de maracas e inicia, solo, el canto ah… eh… oh… Entonces la danza comienza alrededor del palo, hombres y niños iniciados solamente, con sus mantas de palma y sus coronas de plumas de guacamayo. Che… Che… Che… es el toque del chirijko, el sonajero de picos de tucanes que la esposa del maestro de ceremonia golpea contra el suelo. Entran entonces las mujeres en el corro, arrastrando los pies con la misma cadencia […] Entre cantos y bailes, los hombres lanzan agudísimos chillidos, ki’kijto. Hay pausas para beber cachiri, para tocar karamataimë, para descansar. Cantan, a la madrugada, a los maipijpë (las cintas de corteza pintadas) y tarekoe (las mantas hechas con las hojas de la palma coroba), a amsiriyën (los collares de dientes de mono), a chipukopijpe (los adornos de piel de tucán), akatya (el primer guayuco de los niños iniciados), a wuariputesa (los propios niños festejados). Ellos se quedan siempre juntos, no pueden jugar con los demás niños. Cuando se reúnen con sus padrinos, antes de los bailes, no deben mirar a los demás, miran siempre al suelo, cada uno apoyado sobre su varita. Después de cada baile, se quedan tranquilos; algunos se ven muy cansados por tanto trabajo. La fiesta dura toda la noche. Al día siguiente, abren los guayares: el kaemo se distribuye junto con el cazabe, mientras se sigue tomando cachiri.
Al inicio de la tarde tiene lugar el acto final de esta larga celebración: cada niño recibirá su primer guayuco de su padrino, que lo viste y le pone todos sus atavíos: corona de plumas de guacamayas, a veces una cola de mono, piel de tucán, collar de dientes de mono. Bailarán una última vez dentro de la churuata. Los niños se sientan en la kanowa, mientras una mujer flagela los lados de la kanowa para sacar los ko'cham, los espíritus de los muertos: es el kanowawen (golpeo de la kanowa).
Este mismo día, cuando el sol decae, se irán muchos invitados. Sólo los panakon (padrinos) deben quedarse un día más. Para ellos y para los niños, el katyayinto termina a la mañana siguiente, cuando botan, abandonados en un árbol, todos juntos, sus cinturones y sus mantas.
Otra ceremonia dirigida por el i’yan es la del pajpeto, o despedida de los muertos. En ella se entonan cantos funerarios de acuerdo con el rango y sexo del difunto. Mientras duran los bailes y canciones fúnebres, los espíritus regresan sintiendo la nostalgia de sus parientes vivos. Así tratan de llevarlos rumbo a Arona o Arewa, país de los muertos. El i'yan tiene que convencer a los ko’cham para que se alejen del lugar,  permitiendo así que los miembros de la comunidad puedan salir de sus casas34.


martes, 31 de julio de 2012

"El museo es un espacio privilegiado para la difusión del conocimiento antrolopológico" Entrevista a Lelia Delgado






Muchas cosas comenzaron en la historia de la Museología venezolana con la creación en 1976 de la Galería de Arte Nacional, la cual proponía convertirse en un "museo de nuevo tipo" rompiendo con las formulas clásicas del "Museo tradicional",  tiempo en el que se produjo un intenso debate sobre las funciones de los museos que  cuestionaba sus objetivos, prácticas, discursos y métodos  de trabajo. Lelia Delgado inicia su trayectoria en los Museos en este polémico punto de la historia.

Bajo la tutoría de José María Cruxent
Me formé como Arqueóloga en la Universidad Central de Venezuela, en aquel tiempo las  tesis en la especialización de arqueología  se hacían en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), mi interés por la arqueología histórica me colocó bajo la tutoría  del profesor  José María Cruxent (1911-2005). Quien había sido fundador de la Cátedra de Arqueología y  Director del Museo de Ciencias Naturales de Caracas entre 1944 y 1963.
El profesor Cruxent, era uno de esos seres que son difíciles de definir bajo una "etiqueta": fue pintor, etnólogo, arqueólogo, botánico, espeleólogo, paleontólogo, geógrafo,  diría una suerte de  viajero moderno. Llego a nuestro país después de la Guerra Civil Española. Sus  exploraciones lo llevaron a recorrer y conocer en extenso  la geografía venezolana y a participar en  legendarias expediciones como la de las cabeceras del  Orinoco o la del Rey Leopoldo de Bélgica hacia la ruta del Darién. Se hace arqueólogo directamente en el trabajo de campo. Es coautor de la  Arqueología Cronológica de Venezuela, junto con Irving Rouse, uno de los últimos investigadores de la universidad de Yale que vinieron a nuestro país,  tras la saga de la política del "buen vecino", implementada por  Juan Vicente Gómez en los años treinta, la cual abrió las puertas y la riqueza nacional a la participación extranjera.


Arqueología norteamericana y Arqueología Social
Me tocó vivir un momento de intensa pugnacidad en la Arqueología venezolana. La obra de Cruxent y Rouse había sentado las bases de una arqueología cuyo marco teórico-metodológico, se fundamentaba en el paradigma norteamericano de la descripción de estilos cerámicos,  a fin de establecer centros de difusión de rasgos culturales. A la par, en  America Latina y particularmente en Venezuela, otra tendencia teórica se orientaba hacia el estudio de los contextos sociohistóricos del pasado influenciada  por las ideas del etnólogo Miguel Acosta Saignes.  Por los años setenta, cuando yo ingresé a estudiar en la universidad,  comenzaba a tomar fuerza la Arqueología Social.

El asenso de la Arqueología Social constituyo, además de un cambio de paradigma teórico en la arqueología de ese momento, un  planteamiento ético-político de compromiso social, lo cual trascendía el estudio del pasado y se dirigía a comprender las causas originarias de las condiciones sociales del presente venezolano.  Los  principales representantes de esta línea de pensamiento en nuestro país fueron y siguen siendo los profesores Mario Sanoja e Iraida Vargas. Ellos han escrito las obras fundamentales de una corriente, la cual,  apoyada  en los principios fundamentales del materialismo histórico, se interesaron por el estudio  de las relaciones  sociales, los modos de vida y producción, en fin, las formas como los hombres y mujeres originarios de este país, en cada tiempo histórico, organizaron su vida a partir de acciones cotidianas concretas.  

Los comienzos en la GAN
Comencé a trabajar en la Galería de Arte Nacional (GAN) cuando la institución tenía como tres años de fundada. Yo había hecho una pequeña pasantía, pero no fue sino hasta 1980 cuando entré formalmente. Su Director, Manuel Espinoza, me invito a formar parte de su equipo de investigadores, a raíz de un ensayo que publiqué en el Papel Literario de El Nacional. Este ensayo que titulé Huellas. De la Estética a la Antropología, comentaba la exposición Huellas que había sido curatoriada desde  la GAN, y presentada  en los espacios del  Museo de Ciencias.

Desde la creación de la Galería de Arte Nacional,  ya sus fundadores, Manuel Espinoza, Quintana Castillo, Alejandro Otero y el mismo Juan Calzadilla entre otros, hablaban de la creación de  un área que se ocupara del estudio de las artes indígenas venezolanas, así surgió la Unidad Prehispánica.


La Unidad Prehispánica.
Con la creación de la Unidad Prehispánica, por primera vez un museo venezolano contó con un área especializada. Su principal objetivo fue la inclusión de un espacio destinado al estudio del arte y la cultura de los pueblos originarios, cuyo conocimiento había sido hasta ese momento, exclusivo de los centros de investigación arqueológica, ubicados en algunos departamentos universitarios, como fueron la cátedra  de arqueología de la UCV, el Departamento de Arqueología del IVIC y la sección antropológica de la Fundación La Salle, sin que ninguno de ellos se ocupara particularmente sobre temas estéticos.  Esto significó un avance si consideramos que el tema de las "artes indígenas",  no era de mayor interés para un país que apenas en 1999,  reconoció en la Constitución venezolana a estos colectivos sociales con  su plenitud de derechos.

La Unidad Prehispánica se constituyó en un centro de consulta accesible a cualquier persona interesada en saber la procedencia de una pieza arqueológica, su valor cultural o las leyes de patrimonio que impedían su venta, respondíamos consultas a estudiantes en todos los niveles de escolaridad, desde la escuela primaria haciendo tarea, hasta artistas interesados en conocer  las practicas estéticas de pueblos originarios. Esta intentó llenar el vacío de información, que para ese momento se tenía, sobre el extenso periodo histórico y cultural en el que se conformo nuestra herencia cultural. Las funciones de esta Unidad, enmarcadas en el campo de la investigación museológica abarcaron proyectos expositivos, educativos, documentales, de conservación y salvamento del patrimonio arqueológico, lo cual se correspondía con los ideales fundacionales de la Galería de Arte Nacional. En ese tiempo podíamos ir al campo arqueológico, excavar y hacer exposiciones a partir de nuestra propia investigación. Las exposiciones " Habitantes de lo Imaginario" y "Formas del inicio. La pintura rupestre en Venezuela",  fueron ejemplo de ello.

Las exposiciones se hacían básicamente con objetos donados que conformaban la pequeña colección de la Galería de Arte Nacional, algunas piezas en comodato pertenecientes a Sagrario Pérez Soto y los prestamos de piezas del Museo de Ciencias. Ramón Lancini, su Director en los años ochenta, me distinguió con su confianza permitiéndome entrar en los depósitos  del Museo para trabajar  con esa colección, en ese entonces bastante desorganizada y sin investigar pero de gran riqueza. Muchas de las piezas conservaban las etiquetas originales  escritas por los pioneros de la arqueología en Venezuela, allí se encuentran todavía piezas de las colecciones presentadas  por Adolfo Ernst, las cuales formaron parte de la Primera Gran Exposición Venezuela ( 1883).

He escrito la historia de la Unidad Prehispánica, pues tengo el vicio de la memoria y también su disciplina. He registrado lo que se hizo desde su apertura con Jeanine Sujo, las exposiciones, los planes educativos,  la experiencia de la arqueología de rescate, la creación de los módulos de conservación arqueológica, la reedición  y rescate de libros fundamentales  para la arqueología venezolana, la creación de pequeños museos o salas de exhibición locales, asesorias, consultas y charlas, nuestra participación activa en las excavaciones arqueológicas de Lara. Fue una labor realizada  por un equipo mínimo, visto esto en perspectiva, me sorprende la cantidad de cosas que hicimos.  

Seis ensayos de Estética Prehispánica en Venezuela (1989)
De la experiencia en la Unidad Prehispánica y de la necesidad de contar con un manual que teorizara sobre las prácticas estéticas  de los pueblos antiguos de mi país, distinto a los planteamientos del "Arte Prehispánico",  surgió mi libro Seis ensayos de estética Prehispánica en Venezuela, publicado por la Academia Nacional de la Historia. Se  trataba de hacer una propuesta alternativa, desde la Arqueología Social,  a la manera como habían entendido estas  "artes",  autores clásicos  como Miguel Arroyo, Alfredo Boulton y Lourdes Blanco, entre otros. Dar una respuesta  a una  visión, a mi manera de ver,   eurocéntrica y  descontextualizada, la cual  trataba de aplicar de manera mecánica las categorías de las artes de occidente,  a objetos producidos en sociedades completamente distintas, sociedades que correspondían a otras lógicas, a otras maneras de estar el mundo, a otras maneras de crear. Como todo libro que intenta una propuesta teórica, hice una revisión crítica de las tesis anteriores que se habían escrito sobre esta temática, esto significó mi separación forzosa de la Galería de Arte Nacional y la desaparición de la Unidad Prehispánica  

El pensamiento de Sanoja y Vargas
En 1960 abriendo una calle en el casco central de Quibor, fueron encontrados, frente a la iglesia, un conjunto de esqueletos de tallas muy pequeñas, los cuales se atribuyeron  a la existencia antigua de Pigmeos en esa región. Este importante yacimiento arqueológico, fue destruido por ordenes del Gobernador de estado, quien so pretexto de organizar el tráfico del centro, ordenó tapiar el yacimiento y pavimentar la calle  que había estado cerrada durante algún tiempo al paso automovilístico, con la subsecuente destrucción del sitio,  cuestión que ocasionó un escándalo entre la comunidad científica, denuncias y comentarios en prensa  nacional e internacional. No fue sino hasta  1981 cuando se reabrieron nuevas excavaciones en un lateral de la calle del " cementerio boulevard de Quibor", el cual junto con  el Museo Arqueológico de Quibor, se convirtieron en escuela de campo  para los estudiantes de  arqueología de la UCV. En ese entonces, aunque ya trabajaba en la GAN,  aplique como estudiante graduada para participar en las excavaciones, de esta forma  los profesores Sanoja y Vargas se convirtieron en mis maestros durante un año, en el que leí sus libros y pude comprender a cabalidad su propuesta  metodológica, cuestión  que me hizo más cercana,  desde un punto de vista ideológico,    a los planteamientos de la Arqueología Social, que a los paradigmas de la arqueología anglo-norteamericana

La separación de Cruxent
Mi acercamiento a la Arqueología Social significó pues mi separación del IVIC y en consecuencia de   la "tutoría" del profesor Cruxent, separación que terminó con una carta en la que le expresaba mi afecto y gratitud, pues debo reconocer la generosidad con la que me distinguió, sin embargo, para ese momento, ya me encontraba en las antípodas ideológicas de su pensamiento teórico. La carta comenzaba diciendo algo así como: Profesor Usted ha sido un gran maestro para mí, además de un gran amigo, apelo a su condición de anarquista, por favor  no me exija una lealtad que no puedo darme sino a mí misma....  nunca contestó y yo tampoco me atreví a acercarme

La colección de objetos etnográficos de Edgardo González Niño
Edgardo González Niño (1926-2002) fue un viajero legendario en el Amazonas, un hombre revolucionario, contrario a la dictadura de Pérez Jiménez, vinculado al partido comunista y a las guerrillas del Llano de Colombia. Un hombre a quien Pérez Jiménez no metió en la cárcel,  pero que  exiló a una zona remota como era Puerto Ayacucho para ese entonces. Edgardo, fue una persona de sensibilidad social, se internó al sur de Venezuela y fue descubriendo y enamorándose de la vida de la selva,  así como de los pueblos que encontró a su paso.  Gran conocedor de la historia, geografía, flora y fauna  de lo que en su momento se llamó el Territorio Federal Amazonas, el cual recorrió a pié y en curiara guiado por entrañables amigos yekuana, yanomami, wotuja, entre tantos otros pueblos que habitan en las regiones aledañas al Orinoco. Esta travesía le permitió reunir una colección de aproximadamente 2.000 objetos etnográficos a los que se sumaron numerosas fotografías, libros y escritos.

Tuve la suerte de  conocerlo cuando era una niña durante una visita escolar a una de las primeras exposiciones en las que se presentaban, fotos y objetos etnográficos de su colección en Caracas, recuerdo que fue en los espacios expositivos de Pro-Venezuela. Escuche con atención la visita tan emotiva que nos dio, llena de sabiduría y anécdotas  de su la vida en la selva, esa visita fue un punto de no retorno en mi vida,  desde ese momento supe lo que iba a ser de grande, siempre he  recordado ese momento y hasta ahora nunca he tenido dudas, ni arrepentimientos sobre mi vocación antropológica.

En  los primeros años que entre a trabajar en la GAN se estaba preparando la gran Exposición Amazonas, que abarcó el Museo de Ciencias, el Museo de Bellas Artes y la Galería de Arte Nacional. Allí volví a encontrarme con Edgardo González Niño,  pues se trataba de la exhibición de toda  colección,  fue un encuentro emotivo del cual surgió nuestra amistad.

La Colección Orinoco
Al tiempo de la publicación del libro Seis ensayos de estética Prehispánica en Venezuela, y del retiro de la GAN, Edgardo González Niño se vio obligado a vender su colección etnográfica, la cual había estado guardada en el Museo de Ciencias. Cuando Carlos Andrés Pérez inicia su segundo periodo presidencial (1989-1993), le piden  sacarla de los depósitos del Museo, como para ese momento no tenía casa, ni espacio ofreció la colección en venta al estado venezolano, pero no lo consiguió. Entonces se la ofrece a Patricia Phelps de Cisneros, a quien había conocido en Amazonas, así es como se adquiere esa extraordinaria  colección.

Edgardo sugiere mi nombre para que haga su catalogación. En principio me negué  pues en realidad me había formado como arqueóloga y no como etnóloga. Entonces Edgardo me convenció con la promesa de acompañarme en el proceso de catalogación, así nos sentamos juntos a trabajar durante algún tiempo, en el que se hicieron grabaciones de las historias que narraba sobre cada pieza, aprendí con él a diferenciar los materiales, huesos de animales diversos, pelos, picos, uñas, plumas; aprendí sobre tecnología indígena de caza y pesca; técnicas de manufactura; a reconocer las fibras, las maderas, las resinas, las semillas, los colorantes, en fin, una infinidad de conocimientos que no se aprenden en una universidad; los cuales venían de la experiencia directa de cincuenta años de vida entre los pueblos originarios del Amazonas.

Prácticamente hice otra carrera, leí la bibliografía etnológica necesaria para contextualizar los objetos en el marco de  la cultura; trabajo que ameritaba otro tipo de formación. Siempre le estaré agradecida por haberme abierto ese cofre de inestimables conocimientos, razón por la cual le dedique el libro Vida indígena en el Orinoco, en cuyo epílogo cuento parte de su historia de vida  y de la colección que reunió en sus años de vida  en el Amazonas.

La Exposición Orinoco
Alrededor de 1998 toda la colección estaba catalogada y fotografiada. Recibimos la primera invitación a exhibirla en Europa  por parte de Museo Nacional de Alemania,  kunst-und Ausstellungshalle, esta se presentó con el nombre de  Orinoco-Parima, entre agosto 1999- febrero 2000, para conmemorar el aniversario del los 200 años del viaje de Humboldt. Ese año el Museo de Berlín organizó la Exposición Viaje a las Regiones Equinocciales, este fue el primer montaje que se hizo de la colección reunida por Edgardo Gonzáles  Niño.

El éxito alcanzado en Bonn,  que recibió incluso la visita del Presidente Chávez,    garantizó invitaciones a exponer en museos  de toda Europa. Estuvimos en Frankfurt, más tarde en la Feria Mundial de Hannover, en Biarritz (Francia), Rusia, Ginebra, Praga, Finlandia y Suecia. Eran tantas las invitaciones que tuvimos que dividir la colección en dos proyectos expositivos paralelos. Fuimos a museos etnográficos muy importantes como el Museo de Pedro El Grande en  San Petersburgo, el  Museo Etnográfico de Frankfurt y el Naprsteck Museum de Praga,  entre muchos otros.

Orinoco Online
Como en aquel momento era también el boom de las páginas de Internet, me correspondió hacer la investigación para  la página Orinoco Online. Esta página fue seleccionada para el Premio al Desafío de Estocolmo 2000, reconocimiento internacional que recompensa el uso de las tecnologías informáticas en beneficio de las comunidades. Orinoco Online fue premiada como finalista, por su difusión del  conocimiento de las culturas de los indígenas de la región amazónica  de Venezuela.

La Sala de los Pueblos Originarios
Ingresé de nuevo a los museos en el 2008, por invitación de Zuleiva Vivas que era la Presidenta de la Fundación Museos Nacionales para ese entonces,  con la idea de hacer la Sala de Pueblos Originarios de la GAN, que ha sido mi sueño desde hace más de treinta años. Esta  ciudad requiere de un espacio en el que se muestre la historia y sabiduría de los pueblos indígenas de  nuestro país, cuyas raíces hunden su memoria en un tramo, de por lo menos 15.000 años de historia cultural. Para ello se necesita un ámbito adecuado, de cierta intimidad, para exponer no solamente lo arqueológico sino lo etnográfico y revitalizar la adquisición de una buena colección etnográfica por parte del Estado para la divulgación y reconocimiento de nuestra herencia cultural.   A lo mejor todavía se  requiera de una mayor comprensión sobre la importancia de este legado; y tal vez no sea a mi a quien le toque ejecutarlo, pero por lo menos me queda la satisfacción de haber contribuido a sentar las bases, para la reflexión sobre este tema: hay libros  desde donde teorizar,  exposiciones, un blog de estudio, en fin, la investigación de toda una vida dedicada a la inclusión de las culturas originarias en los museos nacionales.   

Un nuevo discurso museológico
Los actuales cambios sociales y culturales sacuden las paredes de los  museos, soplan vientos de renovación, tiempo de reinventarse, tiempo de propuestas sobre prioridades, sobre formas de exposición, sobre la  misión, incluso, sobre el propio concepto de museo. Es tiempo de hacer una pausa en el diario tráfago del trabajo, para  revisar contenidos y objetivos de nuestra propia práctica y avizorar algunos retos y debates que plantea  los nuevos discursos museológicos, entre otros la capacidad de readaptarse a los cambios socio-históricos,  a  la inserción cada vez mayor de un público multiétnico, diverso culturalmente, que amerita otras formas de representación, pues a estas alturas ya no es posible ver al otro "distante", al final solo nos exponemos a nosotros mismos. En este orden de ideas he propuesto la creación de una Unidad de Estudio de la Estética Indígena, que funcionaria como centro de consulta y estudio sobre temas, estéticos, arqueológicos, etnográficos, y de reconocimiento del patrimonio indígena venezolano, que funcionaria desde la Fundación Museos Nacionales, y se ejecutaría  en cualquiera de sus museos.