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Presentación
"El trabajo no debe ser vendido como mercancía, debe ser ofrecido como un regalo a la comunidad"
Por el derecho que tienen los pueblos a saber su propia historia. Por el derecho a conocer sus tradiciones y cosmovisión indígena. Por el derecho a conocer la leyes que los amparan. Por el derecho a socializar el conocimiento liberándolo de la propiedad privada, del autor individual, la editorial, la fundación, la empresa, el mercado y cualquier otro tipo de apropiador que ponga precio a lo que es patrimonio de la humanidad.
A mis maestros quienes también dedicaron su vida a la investigación en este campo, apostando de antemano, que por este camino jamás se harían ricos, a los indígenas que me mostraron sus visiones del mundo, a los talladores, ceramistas, cesteros, tejedores, indígenas y campesinos que me hablaron de su oficio.
A Roberto y a Emilio quienes murieron en la selva acompañándome en aventuras de conocimiento, a mis colegas de los equipos comunitarios de Catia TVe, a los colegas de los museos en los que he trabajado, a mis compas de la Escuela de la Percepción, a mis amigas que me han apoyado y a los que me han adversado, mi mayor gratitud.
Centro de Estudios de Estética Indígena Leliadelgado07@gmail.com
lunes, 14 de octubre de 2013
jueves, 3 de octubre de 2013
jueves, 6 de junio de 2013
Hiwi-Jivi Jefes Locales y Vida Familiar
Alrededor de los “jefes locales” gira el liderazgo comunal. Sin embargo, no se puede decir que haya estructuras políticas formales ni reglas coercitivas que obliguen obediencia a las órdenes de un jefe19, cuya posición no implica prerrogativas particulares que vayan más allá del prestigio y respeto. Los jefes son elegidos por consenso entre parientes. Su principal función es mantener la armonía del grupo. Suelen servir de mediadores en disputas y peleas, a fin de evitar conflictos de mayor envergadura. Entre sus tareas está la organización de actividades de caza y pesca, y trabajos colectivos como desmonte, quema y siembra, y su poder de convocatoria depende del consenso colectivo.
Los hiwi aprenden a conocer, en el proceso mismo de socialización, el valor de las normas y conductas aceptadas por su comunidad. Los actos que contravienen la normativa social desatan una serie de chismes que llenan de vergüenza al infractor, el cual prefiere alejarse de su familia e incluso cambiar de nombre, pues dan un alto valor a la buena reputación20. El delito mayor es matar, cuestión de honor que exige venganza. Para evitar represalias, el culpable abandona el poblado para siempre. Además existe el temor adicional de recibir sanciones sobrenaturales, lo cual actúa como un control de las desviaciones de la conducta social.
Como en otras culturas amazónicas, la unidad sobre la cual se anuda la trama de las relaciones sociales hiwi es la familia nuclear, formada por el marido, esposa o esposas e hijos. Constituye la unidad económica fundamental, y además cumple con funciones de carácter sexual, reproductivo, de crianza y socialización.

Su sentido de solidaridad va más allá del núcleo familiar22. Esto está directamente relacionado con el hecho de pertenecer a un grupo y a un dialecto regional. El grupo de 20 a 60 personas está formado por miembros de dos o tres familias extensas. Como son generalmente endógamos, se lo puede considerar, en sentido amplio, como un grupo de parientes en el que cada individuo está relacionado con otro u otros miembros del grupo. Por lo general poseen un guía, cuya autoridad depende, tanto por sus cualidades personales como por el prestigio adquirido, de la práctica de actividades mágicas23.
Otro término de identificación hiwi lo constituye el hecho de compartir un ancestro común. El ser hiwi vincula en una conexión mágica a todos los individuos de esta etnia con antepasados míticos, animales o plantas. Esto les procura una relación de parentesco entre el ancestro y los demás miembros del grupo.










